martes, 13 de julio de 2010

CANFRANERO

Llevo rato disfrutando de una percepción, me siento transportado a otro tiempo, a un resquicio de un ayer lleno de esplendor rezumando por doquier, enfrascado en una titánica lucha contra una decadente presencia en todo lo que rodea este majestuoso paisaje.

Una extraña sensación me embarga mientras espero los minutos que faltan para que arranque desde su fin de vía el Canfranero. Mas allá de donde está parado, desde su llegada a media mañana, en su único viaje diario desde la capital, la vía colecciona óxidos y abandonos, montada sonre vetustas vigas ajadas y desgastadas por las difíciles inclemencias meteorológicas del lugar.

Como si el único vagón que lo comfigura supiera que mas arriba antiguos fantasmas del pasado le impiden abrirse paso hacia el otro lado de las montañas, nada mas llegar a la estación el Canfranero se obliga dejar de mirar al frente, a desviar la mirada hacia el otro lado, quizás una añoranza llena de tristeza le aconseja no hurgar en el negro túnel que se abre a pocos metros de sus ruedas.

Estoy sentado sólo en uno de los tres compartimientos que configuran el único vagón-tren-convoy del canfranero, veo un matrimonio de jubilados excursionistas en el compartimiento delantero, hablando cordialmente con el privilegiado y poco estresado maquinista. Aún tengo en la retina bien presente la mirada casi de asombro al verme llegar del empleado de la descuidada oficina, preguntando por el despacho de billetes. Le leí el pensamiento: ¡Un cliente!, le sonreí con amabilidad agradeciéndole el trato.

Los minutos se hacen larguísimos, el fuerte calor de julio cae imponente y sin piedad sobre el valle, dando su luminosidad una sensación de estar en un sitio muy peculiar, donde la silueta majestuosa de la vetusta y ya medio restaurada estación internacional de Canfranc resalta enmarcada por el espléndido colorido verdoso, muestrario inigualable del esplendor de la naturaleza rezumando en la ladera de la imponente montaña que la cobija. Los imponentes abetos, situados en difíciles equilibrios en la montaña, son y han sido en sus sucesivas generaciones los testigos mudos de todas las historias y emociones que han transitado por la estación durante muchos años. Coronando su cima como inmensa corona unas preciosas nubes de evolución diurna, inmensas montañas de algodones de azúcar dando una mayor altitud a la imponente estampa, buscan salir con voluptuosidad en la foto enmarcada por el espléndido cielo azul.

Adivino su esplendor en otras épocas, imagino escenas en que la gente abarrotaba sus andenes, hombres, mujeres, niños, ancianos esperando ir a un mundo mejor, lejos quizás de misérias endémicas, de luchas de poder; víctimas muchos de la injusticia humana, de la estupidez en que caemos cuando pretendemos dictar el bien de unos a costa de otros.

Sorprende tanta estación en un lugar como éste, es como un muestrario de cosas que no acabaron bien, un error de despilfarro en el que tanta inversión y fastuosidad se han convertido con el tiempo en un triste monumento a la inoperáncia humana.

El Canfranero, (no se qué es que no me deja llamarlo simplemente tren), arranca motores, como si necesitara calentarlos para poder comenzar con garantías el trayecto valle abajo. Es la primera vez que me subo, he decidido por cuestiones que no vienen al caso subir en autobus a la estación y experimentar el viaje de bajada; quizás una escondida aprensión por su fama que lo acompaña de diversos descarrilamientos, producto de las desgastadas condiciones físicas de su trazado. Sobre esto reflexiono mientras espero los últimos minutos antes de la hora señalada para la salida, mientas me deleito observando como se han adueñado de la majestuosa estación infinidad de aves, que entran y salen, de los pocos orificios que no han conseguido taponar en la multitud de puertas y ventanales que la configuran. Son sus únicos usuarios, transformados en inquilinos de lujo de la estación, revolotean encima de las marquesinas destapadas como si se dispusieran a dar el toque de pito al tren que está a punto de partir, como obligándose a despedirse por si algún caso esta vez fuera la última vez que lo ven partir.

Ya no quedan muchas estaciones en uso con los raíles oxidados y desgastados por la lluvía, la nieve y el sol como ésta. Aun resisten firmemente apoyados por oxidados tornillos a antiquísimas y recias vigas de roble, totalmente ajadas por el paso de los años y de las difíciles condiciones del valle. Multitud de plantas han crecido por doquier, mostrando orgullosas con sus flores el triunfo de la naturaleza sobre la obstinación humana; muchas de ellas retando al hierro rodante en un pulso desigual, como reinvidicando su espacio natural ante tanto despropósito y desuso endémico.

Puntual a las cinco y venticinco de la tarde como si de una exigente y competitiva línea regular se tratara, reivindicándose a sí mismo, arranca con un ligero crujido de hierros, lentamente empieza a recorrer los primeros metros, delante de la gran estación abandonada; los raíles mas cercanos a ella permanecen semienterrados en gravas y multitud de plantas, mostrando su inoperancia al mundo que lo quiera ver.

El Canfranero, tren de un único vagón, con nombre casi mítico, como si de un antíguo bandolero de las serranías se tratara, es el superviviente heróico de esta batalla que lídia el progreso contra si mismo, luchando contra el tiempo, también contra los avances de la civilización; peleando contra todos, contra el dinero que no gana, contra el progreso que unos esgrimen como estandarte en lid con la memoría que un día no muy lejano fué y ya no es este lugar.

En su lento arranque noto el esfuerzo que le supone abandonar este sitio priviliegiado, aunque esté medio abandonado, sabe que sólo lo es en apariencia, multitud de presencias y esencias lo protegen en su ausencia, sabedoras que al día siguiente fiel a su cita diaria volverá aparecer por el oscuro túnel que antecede la estación, haciendo sonar su fuerte pitido característico, anunciando otra vez su vuelta a casa.

Veo en su marcha, multitud de edificios semiderruidos, depósitos de agua, atiguos almacenes, viejos hangares, todos abandonados a su suerte; también en las numerosas vías muertas que en su día configuraron un animado trasiego de trenes, observo como reposan aparcados como testimonios mudos de antiguos esplendores varios ejemplares de antiguos vagones, unos metálicos con el interior de madera, otros con todas las carcasas que los configuraron en su origen de madera; casi todos medio destruidos por las inclemencias del tiempo, por multitud de nevadas y grandes cantidades de nieve acumuladas en los largos inviernos del Pirineo, por las copiosas lluvias que caen durante todo el año, por los soleados días de los veranos; año tras año han ido arruinándose mas y mas, dando una especial postal a la estación. Ruinas férreas montadas sobre plataformas totalmente oxidadas, sarcófagos de llantos y risas de las gentes que los usaron, de las ilusiones de pequeños y grandes al sentir bajo sus pies el ruidoso traqueteo subiendo monte arriba o bajando valle abajo. Deshechos con ruedas inmóviles, solo aliviados por el precioso marco verde en que están envueltos por multitud de plantas que si no fuera por su abandono, casi los llevan a la categoría de esculturas de jardín, en medio de un universo verde que viste por doquier a todo el valle.

En su salida el Canfranero se introduce confiadamente en el primer túnel de los muchos que tiene su escarpado trayecto por la ladera del valle, hasta llegar abajo, casi a las cercanías del bullicioso Jaca. Entra y sale de cada túnel como si nos enseñara el juego de mostrar y quitar postales a cual mas bella tras cada obligado cerrar de ojos. Buscando quizá distraer nuestra atención sobre su lenta velocidad, y sobre los contínuos edificios abandonados que se ven en su trayecto mas alto.

Hago ver que no me doy cuenta de su prudente lentitud, extasiándome en las excelencias del paisaje. Se ve todo el valle a vista de águila, el rio al fondo, la carretera que lo bordea, las imponentes montañas que configuran el valle, el completo cromatismo de verdes en pleno verano... todo amenizado con el traqueteo de este peculiar Canfranero.....

Aun es saludado y despedido por los jefes de estación orgullosos de lucir sus gorras de color rojo intenso, a la vez que levantan la bandera y hacen soplar los silbatos concediéndole el privilegio de paso por sus estaciones. Así sea por muchos años.

domingo, 7 de febrero de 2010

DUALIDAD




Dicen que es una quimera, algo inalcanzable y lejano a nuestras posibilidades. Argumentan que es imposible pararse y apearse de este mundo en marcha y totalmente desenfrenado, sin quedar atrapados en las obligaciones impuestas por la sociedad, o autoimpuestas por nuestra identificación en la domesticación recibida; tenemos casi la obligación de rodar al mismo paso que da la mayoría, así nos lo han inculcado desde que nacimos; porque es como tiene que ser, así ha sido siempre, y esta es la posición de nuestra sociedad que la mayoría cree como "correcta". Lo argumentan tan bien, que incluso en cualquier tribu menos avanzada y pervertida por la imposición de civilizaciones materialistas, de cualquiera de los continentes, erigen sus sociedades en normas, obligaciones, imposiciones y sometimientos abusivos por quienes ostentan el poder, ya sea conseguido éste por la fuerza, o por métodos más o menos "civilizados".

Mi humilde sentir es que vamos todos errados, nos dirigimos en la dirección contraria de la correcta... ¿como nos vamos a encontrar a nosotros mismos si caminamos en sentido contrario?, ¿cómo vamos a encontrarnos y sentirnos en paz, a valorar la paz, ya sea personal o de todos, si estamos inmersos en un conflicto global... incluso con nosotros mismos?

Si dices que te paras, que te apeas de esta rueda que crees que gira en sentido contrario, si sientes que la paz se encuentra en la dirección opuesta, la inercia de la sociedad te maltrata, intenta apartarte, situarte en una esquina donde no puedas ser oído, simplemente estorbas a los intereses egóicos globales; quizás por eso aceptamos seguir un tiempo en su dirección, los miedos residuales hacen su trabajo y nos hacen creer que el ser rechazados por la sociedad es más insoportable que vivir en el conflicto, sin darnos cuenta que simplemente es mas de lo mismo, miedo sobre miedo. Aún a sabiendas que el coste es el crear un espacio entre uno mismo y su paz interior, nos alejamos de nosotros mismos. A veces excusamos esa actitud pensando que es por el bien social...

Igual infravaloramos la paz interior por su desconocimiento racional, dándo más importancia a la estabilidad social y económica, a cierta pero condicionada seguridad material, que nos hace creer que las propiedades, el poder económico, etc. alivian la ansiedad que nos crea nuestro ego, con todos los miedos que inculca durante todo el tiempo que le otorgamos el poder de regir nuestras vidas.

Discernir la dualidad Ego-Yo es la clave para el reencuentro con nuestra esencia. Es el inicio de la autosanación. Mientras sigamos identificándonos en todo lo que pensamos, dándole al pensamiento calidad de verdad, el mundo que creamos seguirá siendo un mundo superficial, anclado en un pasado lleno de errores proyectándose en un futuro lleno de temores; en un mundo de logros inalcanzados en la plenitud, en todo caso en forma parcial y fragmentada que solo conseguirá saciar en parte nuestra satisfacción, la egóica; pero...
¿se llega a la felicidad por ese camino?

No somos el ego, éste solo es una parte de nosotros, una herramienta que disponemos para desarrollar nuestro crecimiento en esta estancia como humanos. Dándole todo el poder al ego cuando nos identificamos solo con él y sus pensamientos, nos adentra en un bosque de miedos, en el que se proyectan sus sombras en nuestro futuro, reflejos de experiencias bien o mal vividas en nuestros pasados... pero ¿y dónde queda nuestro presente?

Hacerse conscientes de la dualidad nos permite elegir libremente entre la paz interior, la del sentir, o el conflicto del pensar descontrolado. Al ego no se le mata nunca, es parte de nosotros, sólo debemos utilizarlo conscientemente, nosotros a él, éste es nuestro poder oculto, el de ser dueños y creadores de nuestro existir.

La paz interior no se encuentra, no se busca, ya se tiene, siempre está ahí, siempre ha estado con nosotros en nuestro interior, es parte de nuestra naturaleza... a pesar de todos los pesares que nuestra mente se invente. A pesar de que creamos no merecerla, influenciados por la infinidad de juicios y suposiciones propias o ajenas que dejemos que nos afecten emocionalmente. Siempre está ahí, esperando el momento, el día, el año, o la vida que sea en que nos hagamos conscientes de ello.

Sentir paz no es dejar de pensar, no es dejar que nada no nos remueva por dentro ni dejar que nada no nos motive, tampoco que dejes de buscar un mundo mejor para todos; es simplemente hacer todo eso desde la conciencia, desde el conocimiento de que somos un universo de mundos creados por egos, y que sólo desde el discernimiento y despertar de conciencia de la mayoría hará que este mundo llegue a ser más "humano". También son condiciones humanas el amor, la fraternidad, la bondad, la puerza de miras, los abrazos sinceros, los francos apretones de manos, la generosidad, el desprendimiento...

Al no aceptar nuestra dualidad damos poder a las también humanas acciones de maldad, odio, rencor, envidia, ansias de poder, sometimientos de unos por otros... aceptándolas sin más como intrínsecas condiciones humanas sin fácil corrección.

Ando en el caminar hacia mi propio reencuentro, no para atesorarlo y disfrutarlo en soledad, si no para aportar mi grano de arena en el crecimiento global de la humanidad.
En eso estoy.

lunes, 4 de enero de 2010

SUPOSICIONES

Nos pasamos media vida suponiendo cosas de los demás, cayendo constantemente en la trampa que significa la no aceptación de sus diferencias, de sus particulares formas de ver y vivir su mundo, de sus diversas y a veces diametralmente opuestas formas de ser, pensar, actuar, etc.


Gran parte de la otra media vida la ocupamos con el intento, por todas las formas posibles y con miles de razonamientos, de justificar estas supociciones con infinidad de juicios, juzgamos todo y a todos constantemente, a veces conscientemente, a veces no.


No caemos en la cuenta, la mayoría de las veces, que cada vez que nos erigimos en jueces de algo o de alguien del que hemos supuesto cualquier situación, caemos en la tentación de emitir como consecuencia, juicios de valor, dictando seguidamente y sin compasión las "necesarias"sentencias, las cuales por supuesto, merecen que se les aplique las correspondientes condenas para así justificar delante de nuestra conciencia y la de los demás nuestra escondida intolerancia; y justificando así todo el proceso... ¡y nos quedamos tan anchos, tan satisfechos, tan egóicamente satisfechos!; ¡qué buenos somos, hemos contribuido al bienestar general eliminando de en medio eso que hemos supuesto pernicioso, y que según nuestro juicio debía ser eliminado y apartado!.


¿Es este un camino hacía la paz? , ¿qué soluciona el enfrentamiento egóico?,¿ justificar nuestra impotencia en el trabajo personal de lavar nuestra conciencia, nuestros propios conflictos personales, mezclándolos con el océano de los conflictos globales?


Creo plenamente, es " mi verdad", en la ley universal que dice que recogemos multiplicado todo lo que sembramos. Si vivimos en el conflicto, es porque previamente lo hemos sembrado en algún momento de nuestra vida, y viceversa. También creo que la corrección no está en el castigo si no , únicamente, en el perdón.


Sembramos conflictos, pensando así que aliviamos la carga de culpabilidad que llevamos a cuestas, suponiéndo con ello que haciéndola global y común, nos descargamos de ella. Es desde este prisma de visión, en el que nos sentimos culpables antes que simplemente responsables de nuestros propios conflictos, y viendo la paz interior como una inalcanzable utopía, reflejo de la imposible paz global de un mundo inmerso en un presunto y globalizado conflicto, enquistado en millones de juicios realizados en toda nuestra historia como humanos. Esto hace que veamos la paz interior como un fin inalcanzable, imaginación y producto de mentes débiles e influenciables...


Es mas fácil cargarse la paz, que hacer el esfuerzo personal de interiorización que requiere el perdonarse a uno mismo cualquier atisbo de culpabilidad. Es mas cómodo vivir de víctima de nuestra civilización, que vivir una realidad sin conflicto que empieza por la propia aceptación de nuestra responsabilidad en el mundo que vemos y creamos a nuestro alrededor.


Es mas sencillo asumir esta postura de víctima, aunque nos suma en mil conflictos, que la del camino de la aceptación de todos los demás, cada uno en su propia idiosincrasia, tal como son; incluso la no aceptación del propio momento personal que vivimos en el conflicto, nos hace imposible ver dicho momento como un paso mas que usa nuestra esencia en su constante aprendizaje como humano.


No somos humanos que hemos venido a aprender energía, somos energía que hemos venido a aprender humanidad.

domingo, 20 de diciembre de 2009

LA VERDAD



La verdad...
¿Qué verdad es la auténtica?, ¿la tuya, la suya, la nuestra, la de ellos, la mía,..?, ¿la del afamado filósofo, la del reputado teólogo, la de esta religión, la de esa otra?.

Todos nos creemos nuestra verdad como la real, defendiéndola ante las otras con uñas y dientes, convencidos que tenemos el poder de la razón que nos permite actuar de la manera que sea para defenderla. Nos atrincheramos, nos armamos de herramientas para convencer a los demás de nuestra razón, defendiéndola y enfrentándonos a quien sea, aunque sea a costa de desvirtuarla y pervertirla con infinidad de razonamientos mas o menos acertados.

Erigimos estados, naciones, regiones, ciudades, pueblos, barrios, banderas, fronteras, etc. con tal de neutralizar el ataque de los demás cuando nos intentan imponer sus verdades.

Qué fácil sería reconocer la verdad auténtica si no la intentáramos atesorar, ni racionalizar.Todos tenemos dentro una sabiduría, una paz, una luz, que no hay que buscar ni pelear por ella; ya es nuestra, siempre ha estado ahí. Solo hay que ir quitando las capas de opacidad, los velos de penumbra introducidos por los miedos y temores inculcados en nuestras domesticaciones sociales y familiares recibidas, así mismo con infinidad de ideas y pensamientos racionales y condicionados.

Descorrer estos velos hace que reluzca la verdad tal ha sido desde siempre; árduo trabajo este, ya que luchamos más que con los demás, con nosotros mismos, con nuestro aspecto egóico. Pues una vez conseguimos sentir la verdad, lo mas fácil es caer en la trampa de intentar atesorarla, blindarla con miles de ilusorias corazas, que lo único que consiguen es desvirtuarla.
Racionalmente, pasada por la mente ya no es la misma verdad, la hemos pervertido con todos los condicionantes que arrastramos desde nuestra infancia. Es igual, la consideramos nuestra, y por lo tanto totalmente defendible de las demás verdades restantes.

Por esta verdad individual, o colectiva si alguien ha conseguido imponerla a algún grupo, se lucha, se discute, se crean infinidad de conflictos, se generan enemistades irreconciliables, se llega a matar por defender ideales políticos o preceptos religiosos, se realizan verdaderas atrocidades desde siempre en nombre de la verdad, aún ahora.

Dicen que de los errores se aprende, ¿y si vamos al principio otra vez, y nos identificamos todos otra vez en la igualdad de nuestra esencia?... ¿cuántas falsas verdades nos ahorraríamos?, ¿cuántos conflictos dejarían de tener sentido?...

¿Sería otra utopía?, a veces me repito esta frase para aceptarla : Igual solo es una gota en un océano, pero el océano no será el mismo sin mi gota.

Yo empiezo por la mía, mi interior me dice que no necesito vender ni convencer a nadie de mi presunta verdad , convencido de lo que todos tenemos dentro: Paz.

sábado, 5 de diciembre de 2009

REUNIÓN DE GATOS, RATONES VIVOS


¡Qué alivio!, dicen los ratones del lugar, ¡que suerte que estos tontos gatos se hayan acostumbrado tanto a la dependencia humana que ya ni nos miran como deseados manjares!,¡qué descanso dejar de correr delante de ellos!. Los gatos no piensan, solo sienten que les es mas cómodo esperar la comida servida en un plato, que el sano pero cansado esfuerzo que significaba superar y saciar el hambre con su casi olvidada astucia felina.

Qué fácil es vivir dependiendo, sin esforzarse ni preocuparse lo mas mínimo del sustento, sabiendo que en esa actitud lo tienes presuntamente asegurado. Aunque sea a costa de dejar de ser gatos independientes, felinos cazadores por naturaleza, perdiendo con eso su fama entre los humanos de ser animales que no necesitan nada de nadie.

Hasta los fieros y agresivos leones se han acomodado a que las hembras de sus respectivas manadas, más ágiles y astutas, les cacen las presas para la comida diaria.

Así estamos la mayoría de los llamados (¿correctamente?, igual si) homo sapiens. Luchando por una presunta comodidad que creemos merecer, aún a costa de competir y acotar la de nuestro vecino con el que combatimos por todo; comodidad ésta que también se nos antoja necesaria para vivir nuestra existencia tal como los respectivos cánones de cada sociedad nos han inculcado, grabándonos así durante nuestras respectivas domesticaciones sufridas un sinfín de normas, imposiciones, creencias, preceptos, obligaciones, derechos, pecados, dogmas, etc. en nuestro disco duro, que es el cerebro. El cuál con nuestro conocimiento y consentimiento, o no, rige diariamente nuestras vidas, mientas nos sigamos identificando sólo con él.

¿Lo de sapiens será por lo sabios que nos creemos ser, o por lo sabios que no sabemos la mayoría que somos y hemos sido siempre, aún ahora?. A pesar de nuestra ignorancia.

Qué fácil es acomodarse y no ser nosotros mismos; es igual que seas gato o león, humano consciente o inconsciente.

Vivimos con la necesidad de ser de algo, nos creamos dependencías de todo y para todo, ya sea a nivel social, religioso, político, deportivo, vecinal; qué fácil es ser de algo, de una religión, de un partido, de un país, de una región, de una calle, de tal equipo de fútbol, de mil cosas mas que se nos ocurran. Todo vale antes de ser de uno mismo; interiorizar dentro y zambullirnos en nuestra esencia nos asusta casi tanto, no por el esfuerzo de voluntad que ello supone, si no mas bien y a la vez, por lo que creemos que supone asumir y exteriorizar en nuestras vivencias diarias tal esencia; ¡perderíamos todo lo que creíamos haber ganado delante de los demás,! ¡¡horror!!.

Es duro dejar de depender del mundo, de los demás, para pasar a ser uno mismo el responsable de tu existencia. Confundimos la necesaria solitud para conseguir ese propósito con la aterradora soledad, excusándonos en la necesidad del contacto con los demás con un no mirarnos en el espejo de nuestra esencia.

No es falta de sabiduría, es ignorancia de que ya la tenemos.

Me declaro torpe pero consciente buscador de mi esencia.

Intento ser cazador de mi subsistencia interna, en ello ando, como gato defendiéndose panza arriba.

domingo, 29 de noviembre de 2009

LA HOJA / LA FULLA



La hoja

¿Coincidencia?, ¿causalidad?
¿que importancia tiene?
Ha esperado pacientemente esa bocanada de aire
para desprenderse del ramal, de su atadura vital.

Haciendo curiosas volteretas cae justo delante de mi paso,
en momento alguno siento que expresa tristeza ni vacio
mas bien gratitud y satisfacción por el trabajo hecho,
sabe que ha cumplido su ciclo allá arriba.

Su árbol aparentemente insensible,
le estará por siempre agradecido
nada ignorante de su sacrificio,
sabe que gracias a ella y a miles como ella
él ha conseguido crecer y enraizarse mas y mas a la tierra,
y se sabe un regalo de la madre en forma de gran milagro
en el que cada año va multiplicando su potencialidad en sus frutos y semillas.
La hoja agradece a la madre,
que entre otras cosas le ha permitido la existencia,
el disfrutar de los verdes, los ocres,
de la luz.
La hoja cae en volandas como si jugase a morir,
se deja voltear por el viento en su último suspiro
sabe que no es una muerte inutil, hacia la nada,
sabe de su futuro, no piensa ni siente nada, no quiere nada,
solo le vale saber que ha sido hoja,
y aunque sea como hoja muerta quedará llena por siempre,
de la luz de los llenos,
de la aceptación de los sabios.
Me quedo mirándola con gratitud,
ya es una mas entre miles de hojas muertas,
pero nunca será como las otras
es mi hoja,
la que sin saberlo me ha abierto los ojos.

No siento ninguna tristeza por ella,
ni melancolía de una pasada primavera
donde nació toda llena de esplendor.
Este es su otoño, el de su renacimiento como hoja muerta...
¿muerta?, ¿quien dice hoja muerta?
la hoja mas viva de la calle sabe que hará renacer otras vidas,
que su aspecto físico degenerará perdiendo su bonita presencia,
pero también que volverá en muchas otras formas
todas ellas llenas de su misma esencia.

Todos somos hojas del mismo árbol,
con una gran madre que nos sustenta y alimenta,
no importa cuantos otoños tardaremos
pero sobreviremos a nuestra caida.
Es igual en que calle caigamos
ni que golpe de viento lo conseguirá,
solo cuenta lo que hacemos para ser hojas,
para sabernos hojas,
también árboles llenos de luz y fuerza.

Para reconocernos y no olvidar nunca
que somos parte indivisa de la madre,
esencia indisoluble del padre,
de la luz que nos hace existir.

Somos las hojas, los árboles, las simientes,
los frutos, la tierra.
el viento, el aire, el sol...

no lo olvidemos jamás.






La fulla

Coincidencia?, causalitat?,
quina importancia té?
Ha esperat pacientment aquesta bocanada d'aire
per despréndes del ramal, del seu lligam vital.

Fent curiosos giravolts
cau just devant el meu pas ,
sent-ho que en cap moment expresa tristor ni buidor
mes aviat satisfacció i gratitut per la feina feta,
sap que ha complert el seu cercle allà dalt.

L'arbre aparentment insensible
l,hi restará sempre agrait
per res ignorant del seu sacrifici,
sap que gracies a ella i milers com ella
ell ha consegueix creixer i arrelarse
mes i mes en aquesta terra,
i que com un regal de la mara
en forma de gran miracle
es multiplica cada any
en els seus fruits i llabors.

Ella agraeix a la mara
que entre altres coses
l'hi ha permés l'existencia,
el disfrutar del verd, dels ocres,
de la llum.

La fulla cau en volandes,
com si jogues a morir,
es deixa voltejar per el vent en el seu últim suspir
sap que no es una mort inútil cap el no res,
sap del seu futur
no pensa res, no sent res, no vol res,
només l'hi val saber que ha estat fulla
i que encara com fulla morta,
restará plena pels temps dels temps,
de la llum del plens,
de l'acceptació dels sabis.

Em quedo mirànt-la amb gratitut
ja es una més entre milers de fulles mortes
peró mai será com les altres,
es la meva fulla,
la que sense saber-ho m'ha obert els ulls.

No sentho cap tristessa per ella,
ni melancolía d'una pasada primavera
on va neixer tota espitosa.

Aquesta es la seva tardor,
la del seu renaeximent com a fulla morta.
Morta? qui diu fulla morta?
La fulla mes viua del carrer
sap que fará reneixer altres vides
que el seu estat físic mimbará,
perdent la seva bonica presencia,
també que tornará en moltes altres formes
totes elles plenes de la seva esencia.

Tots som fulles del mateix arbre,
amb una gran mare que ens alimenta,
no importa cuantes tardors trigarem
pero sobreviurem a la nostra caiguda,
tan se val en quin carrer caigem
ni quina ventada ho aconseguirá,
nomes compta el que fem per ser fulles,
per sabernos fulles,
també arbres plens de llum i força,
per reconeixens i no oblidarnos mai
part inseparable de la mara,
esencia indisoluble del pare,
de la llum que ens fa existir.

Som les fulles, els arbres,
les llavors, els fruits, la terra
el vent, l'aire, el sol


no ho oblidem mai.

lunes, 11 de mayo de 2009

AGUA FRESCA


Cuando obstinadamente nos refugiamos en el pasado, en otro instante ya vivido, sencillamente estamos reconociéndonos la dificultad de vivir el presente, como si fuera mas soportable vivir la melancolía y la pena de las escenas vividas o perdidas antes de afrontar el miedo, los miedos que nos parece atraer hacia nuestra vida el depositar nuestra atención en el futuro.


En este mirar atrás, sistemáticamente, uno a uno, segundo a segundo van pasando delante de nuestra atención distraida una infinita sucesión de presentes, provocándonos al menor atisbo del ahora, una sensación de estar perdiéndonos cosas, sensaciones, relaciones, emociones, experiencias; vivencias que en muchos de esos momentos no sabemos como retener ni disfrutar. Como cuando se nos escurre de nuestras manos si intentamos acaparar o retener el agua de una fuente, sin darnos cuenta que la pequeña cantidad que cabe en nuestra palma es simplemente el agua que necesitamos en ese instante, es mas que suficiente para calmar nuestra sed en ese preciso momento.


Caemos sistemáticamente en la trampa de ir al mas allá del aquí y el ahora, pensando y temiendo que en el momento siguiente, en un falso e inexistente futuro igual nos quedaremos con las manos vacías; procurando tras ese temor atesorar toda el agua que consigamos retener en nuestros pozos de incertidumbre, sin caer en la cuenta que todo líquidoestancado y reprimido pirvado de su natural discurrir acaba estropeado, pudriéndose y convirtiéndose en un perjuicio mas que en un beneficio, puesto que se le ha privado de su principal naturaleza, que no es mas que su fluir en libertad.


Bebamos el agua que ahora mismo quepa en nuestra mano, sintamos su frescura, seamos conscientes por una parte de su brevedad, y por otra de su inmensidad al tomar conciencia de la sucesión interminable de momentos potencialmente felices que estamos y podemos seguir disfrutando en nuestras respectivas sucesiones de presentes en que consiste nuestra existencia aquí como humanidad,... a pesar de nuestra común y persistente identificación con nuestro ego, con todo lo que pensamos.