
La verdad...
¿Qué verdad es la auténtica?, ¿la tuya, la suya, la nuestra, la de ellos, la mía,..?, ¿la del afamado filósofo, la del reputado teólogo, la de esta religión, la de esa otra?.
Todos nos creemos nuestra verdad como la real, defendiéndola ante las otras con uñas y dientes, convencidos que tenemos el poder de la razón que nos permite actuar de la manera que sea para defenderla. Nos atrincheramos, nos armamos de herramientas para convencer a los demás de nuestra razón, defendiéndola y enfrentándonos a quien sea, aunque sea a costa de desvirtuarla y pervertirla con infinidad de razonamientos mas o menos acertados.
Erigimos estados, naciones, regiones, ciudades, pueblos, barrios, banderas, fronteras, etc. con tal de neutralizar el ataque de los demás cuando nos intentan imponer sus verdades.
Qué fácil sería reconocer la verdad auténtica si no la intentáramos atesorar, ni racionalizar.Todos tenemos dentro una sabiduría, una paz, una luz, que no hay que buscar ni pelear por ella; ya es nuestra, siempre ha estado ahí. Solo hay que ir quitando las capas de opacidad, los velos de penumbra introducidos por los miedos y temores inculcados en nuestras domesticaciones sociales y familiares recibidas, así mismo con infinidad de ideas y pensamientos racionales y condicionados.
Descorrer estos velos hace que reluzca la verdad tal ha sido desde siempre; árduo trabajo este, ya que luchamos más que con los demás, con nosotros mismos, con nuestro aspecto egóico. Pues una vez conseguimos sentir la verdad, lo mas fácil es caer en la trampa de intentar atesorarla, blindarla con miles de ilusorias corazas, que lo único que consiguen es desvirtuarla.
Racionalmente, pasada por la mente ya no es la misma verdad, la hemos pervertido con todos los condicionantes que arrastramos desde nuestra infancia. Es igual, la consideramos nuestra, y por lo tanto totalmente defendible de las demás verdades restantes.
Por esta verdad individual, o colectiva si alguien ha conseguido imponerla a algún grupo, se lucha, se discute, se crean infinidad de conflictos, se generan enemistades irreconciliables, se llega a matar por defender ideales políticos o preceptos religiosos, se realizan verdaderas atrocidades desde siempre en nombre de la verdad, aún ahora.
Dicen que de los errores se aprende, ¿y si vamos al principio otra vez, y nos identificamos todos otra vez en la igualdad de nuestra esencia?... ¿cuántas falsas verdades nos ahorraríamos?, ¿cuántos conflictos dejarían de tener sentido?...
¿Sería otra utopía?, a veces me repito esta frase para aceptarla : Igual solo es una gota en un océano, pero el océano no será el mismo sin mi gota.
Yo empiezo por la mía, mi interior me dice que no necesito vender ni convencer a nadie de mi presunta verdad , convencido de lo que todos tenemos dentro: Paz.